Sigo… Es amor por usted lo primero que me mueve a escribir todo esto, porque ese amor y sus consecuencias e implicaciones es mi primer compromiso con la vida como un todo, y lo primero que siento como absolutamente serio en ella. Es lo primero que he encontrado como algo importante que quiero asumir, pase lo que pase. Pero siento también que en estas reflexiones he encontrado, por fin, una guía, para todos -si la entendiéramos- para vivir dignamente, para vencer al fin esta soledad y esta sensación de vacío, tedio y banalidad que nos acompaña día tras día en esta época presente.
Cuántas cosas ahora aparecen diferentes bajo mis ojos, aunque qué confusas están aún. Traté siempre de seguir las normas y las costumbres de un mundo que con frecuencia percibía como “no – mío”. La seguridad de mi vida parecía encontrarse en ellas, y creí que esa era la tradición que le daba sentido a ese obrar, y que aferrarme a esta supuesta “tradición” era mi mejor regalo para usted, o mejor, mi carta de presentación para poder merecerla.
Cuántas veces escuché hablar, como testimonio de la sabiduría de los mayores, del método de aplicación de los criterios de selección de todo aquello sobre lo que debía construir mi futuro, primero que todo, y luego el nuestro. Y aunque mi fuerte, lo confieso, no es la política, siento que se supone que estamos aquí, matándonos, desperdiciándonos, por esos materiales: Por costumbres que no nos dicen nada, por tradiciones que nadie entiende, por reglas que no nos satisfacen. Es por eso que nuestra moral se arrastra junto con las alimañas que pueblan las trincheras.
"Cultiva el trato de quienes buscarás para rodearte para tu mejor provecho en el futuro; piensa siempre que la sensación de pasión es pasajera y no se compara a la seguridad del futuro, no vayas a sacrificar ésta por aquella, no podría haber nada peor que ser llamado irracional”.
Tantas veces he sentido, al tener en mis manos este rifle, que recuerdo cosas olvidadas, amigos dejados de lado, experiencias desechadas. Volar una cometa en los campos verdes poco antes de la lluvia; aquellos que se acercaban con el precioso descubrimiento de un libro de poemas; pasar las noches en vela, genuinamente aterrorizado, escuchando cuentos de espanto surgidos directamente de la memoria y el pasado que ahora no he dejado de sentir dentro de mí.
Cómo me sentía, tratando de ser aceptado, orgulloso e importante porque sería prestante y poderoso. ¿Pero debía elegir de esa forma? En verdad, siento que este momento que no pasa, de desarraigo y alienación ante las razones que nos esgrimen como los motivos justos de nuestra lucha, no es más que uno de los muchos instantes en que he sentido que no pertenezco a nada que valga la pena. La propaganda de nuestro bando debe pasar muchas noches en vela tratando de mostrar a nuestro pueblo entusiasmo en nuestros rostros, cuando se acercan a filmarnos; o coraje en nuestros testimonios, cuando nos preguntan por nuestros anhelos y nuestro optimismo por la victoria.
Para muchos, creo con temor, ya no habrá retorno. Toda su vida fueron educados en el credo del más craso utilitarismo, del olvido de lo que es poder ser lo que somos, en la adaptación a las modas y los estilos cambiantes de una sociedad manejada por el mercado.
Quiero regresar. Quiero empezar, darle el lugar que se merece a esos días de pérdida y desasosiego, en los que tomaba a mi vida como algo dado por sentado. Quiero que encontremos nuestras raíces y emprendamos el proceso mágico de reconocernos como diferentes; dispuestos a aceptarnos como somos, a transformarnos en mejores personas.
Estoy seguro de que podemos hacer para nosotros un lugar que llamemos nuestro con orgullo y felicidad. Que podemos crear una vida en la que el tiempo pase en la proyección constante del pasado: ¿Qué hemos hecho, de dónde venimos, por qué nos sentimos comprometidos?; en la que el futuro sea para nosotros el momento en el que seremos recordados por nuestras obras, obras de todos los tamaños: El vigor y la alegría de los hijos que criaremos; la imagen de los esfuerzos que con otros hicimos por construir una mejor nación.
No tengo temor, y quiero expresarle eso de la forma más sincera. Hemos esperado mucho, hemos esperado más allá de lo que se considera razonable en esta pobre época fugaz y sin esperanzas. Pero estoy convencido de que todo esto vale la pena, que nosotros valemos la pena.
Siento que este amor puede ser un faro que guíe a una persona -¿o a muchas?, no quiero ser presuntuoso- y les muestre que es posible vivir de otra forma. Que es posible detenerse y salir de vez en cuando del vórtice del caos del presente; recoger los sueños que se tuvieron alguna vez, visitar a los amigos que se encuentran lejos, regresar a la cascada que nos enseñó que la vida es constante movimiento.
No se sienta sola en estas horas oscuras que pasamos hasta el día en el que regrese. La matanza debe detenerse si todos los que estamos aquí dejamos de creer en ella. Voy a volver, no hay nada más que ocupe mi mente y mis actos se dirigen todos hacia ello. Todo lo que soy es relativo en nuevo sentido, en el sentido de estar juntos, y ese punto de fuga está grabado en lo más profundo de lo que llamo mío.
Empiezan nuevos días para nosotros, y todo esto no es más que un balbuceo sobre un primer paso que debemos dar. No puedo asegurar que nos dirigiremos en la dirección correcta, y quizás muchos errores sean nuestra responsabilidad de ahora en adelante. Pero he cuidado toda mi vida cosas que no me han dejado ninguna sensación de bienestar, pertenencia o comodidad. Y creo que vale la pena buscar las que me hagan sentir orgulloso y vivo, creo que lo que debo hacer por mí y nosotros es cuidar completamente de mí mismo.
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