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CARTA DE AMOR DE UN NOVEL HEIDEGGERIANO

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· Los hijos de Odín

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Metal: La construcción del acero en tres actos

· Chaotica Concept

·
Cronología del Metal Medallo

 

Por: Miguel Peláez

Tengo que confesar que al escribir esto no tenía en mente, de forma directa, motivos metaleros. Estas palabras fueron concebidas para un evento académico y debían recoger pensamientos e intereses de ese tipo. Sin embargo, creo que siempre, cuando hay ideas fuertes dentro de nosotros, ellas salen fuera de nuestro control, y se manifiestan a pesar de que no nos demos cuenta de ello. En este momento, tras haber leído de nuevo este texto podría decir que sí creo que tenga dentro de sí muchos temas y alusiones que son muy cercanos a los intereses del metal, o que son unos de los que el metal, tal y como me parece que es valioso, no tendría por qué sentirse ni lejano ni avergonzado. El principal de ellos, y el único que nombraré, por ahora, es que la vida como un acaecer pleno es un compromiso con lo que uno es, algo que en términos roqueros tradicionales es ser “fiel a sí mismo”, y ese es el principal, el que no se puede dejar atrás sin abandonar también, al mismo tiempo, el orgullo y la dignidad. Con base en esa idea quiero que se reciba esta declaración. Poco a poco los motivos plenamente metaleros saldrán de ella en entregas futuras: La angustia y el desagrado por nuestra época presente, la nostalgia de un tiempo, real o imaginario, limpio, noble y digno, el homenaje a la fuerza del que hace lo que debe hacer y no se detiene ante nada. Dentro del metal estos motivos han sido fuerzas de impulso e inspiración, y, en muchos tonos, estéticas y sonidos, han sido la materia de una buena cantidad de esas tonadas y palabras que nos llenan el espíritu.

   

Pensamientos, pensamientos. Las circunstancias usted las conoce bien, y me hacen temer que estas palabras no puedan llegar a sus manos. Pero, a pesar de eso, los hechos de estos últimos días, y las ideas que rondan mi ser desde su acaecer, me llevan a escribir, a pesar de la pobreza de mis esperanzas por volverla a ver.

Hay muerte en el ambiente y día tras día nos batimos, sin pausa y sin piedad. Ahora mismo sólo puedo escribirle por la llamada a tregua, lograda por el espectáculo tenebroso para todos de los cuerpos sin vida de aquellos con menos suerte que nosotros. Nosotros, los afortunados que aún respiramos el aire viciado de estos campos destruidos por herramientas en las que está lo mejor y lo peor de nuestra naturaleza.

Pero no quiero agotarla con innumerables detalles de hechos que asaltan todos los medios de comunicación, que nos bombardean con noticias y palabras sin análisis. Palabras lanzadas para tratar de explicar este paisaje… cuántas veces creo que, para momentos como estos, sólo es apropiado el silencio como compañía de las imágenes que gritan por sí mismas lo absurdo que podemos lograr.

Hay otras cosas que necesito compartir hoy con usted
En este momento, contemplando este papel, a esta hora de un día gris como tantos otros; siento en mí, como siento sin remedio la huella de la metralla que hace unos días me ha alcanzado… siento en mí, digo, el compromiso que quiero que los dos formemos por una existencia nuestra, donde se desplieguen todas aquellas cosas que compartimos como importantes. Siento el compromiso de la vida que queremos vivir.

Qué sensación tan diferente esta, le confieso, de la euforia que sentí al desfilar bajo las flores y los sombreros lanzados al viento. Recuerdo vívidamente ese día, cuando los regimientos dejaron la ciudad, formados por jóvenes aún con esperanzas. Pero qué frágiles eran. Esperanzas producidas por las voces reunidas de los otros, por los gritos de quienes no saben qué creer, y temen hacerlo, y se reúnen bajo el abrazo protector del líder indiscutido que nos dice que se encargará de todo y que controla hasta el último momento de nuestras vidas. Aquel que todo lo planifica y que decide qué vale y qué no vale la pena.

¿Podrá perdonarme que el compromiso haya florecido en mí -el deseo que tengo de entregarme a usted sin remedio- en medio de este lodo de sangre y lluvia? Temo no saber explicarme adecuadamente.

Los silbatos llenan el ambiente con la amenaza de una carga del enemigo, o con el aviso de nuestro turno para ponernos en pie y asaltar la oscuridad frente a nosotros. Y en esos momentos podría jurar que la muerte observa sonriente, y que, como si cerrara los ojos, acaba esta o aquella vida, como un astuto genio maligno de sempiterna amenaza. Días ha habido en los que he visto saltar por los aires a quien había tomado las mejores precauciones para protegerse del fuego hostil; y en otros he observado a un petrificado muchacho, de pie en la tierra de nadie, ocupar sin recibir un rasguño el único espacio que el metal hirviente no mancilla.

Al reponerme levemente de la culpa que experimento estos días -en todo momento- culpa en la que siento que estoy en el lugar equivocado, y que no he estado a la altura de las circunstancias del presente… al reponerme, poco a poco, me he dado cuenta de que he estado cerca de morir, muy cerca. Pero, y esta es la base de todo, la primera cosa en la que ahora creo, el fundamento más fuerte que puedo encontrar… pero, digo, he llegado a entender que en cualquier momento, y no sólo por estar aquí, podría morir. ¿Se sorprende de que otorgue tales blasones a semejante obviedad?

No hay un solo momento que perder -es lo que creo- desde que he entendido, como entiendo ahora, esto: Voy a morir, me dirijo sin pausa y sin remedio hacia la muerte. No sé cuando llegará, por supuesto, y eso no importa, realmente, en el sentido de que no cambiará nada cualquier plan que haga por retrasar tal suceso. Retiro lo que al principiar estas palabras decía sobre las pobres esperanzas que tengo de volver a estar con usted. Mientras tenga un soplo de vida podremos lograrlo; mientras esté con vida mi vida no será un asunto concluido, y puedo asumir que muchas cosas pueden pasar.

:. Ver la segunda entrega .: