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El concierto
La puesta en escena sigue siendo el telón de Aquiles de las bandas locales. Si bien no siempre se espera que una banda haga algo más que realizar una buena ejecución musical, es bueno ver presentaciones inolvidables que hacen de los conciertos verdaderos happenings donde la banda logra ampliar su espectro artístico más allá del sonido, y donde se le está dando al público una experiencia estética más compleja y multimediática. Y ello fue notorio, pero no demerita la labor de agrupaciones como My Desire y Dark Fall, encargadas de dar apertura al concierto cerca de las 6:30 de la tarde noche, quienes mostraron un trabajo técnico y una labor emprendida con seriedad, cada una desde sus géneros. Aunque no puede ignorarse que les faltó la capacidad de generar cierta conexión con el público, como para que este respondiera con mayor fervor a sus propuestas.
Luego estuvo Cromlech, una banda que con su presentación demostró (la historia no miente) que la trayectoria y la experiencia muchas veces pesan, y que el Death Metal en la ciudad tiene muy buenos exponentes por fuera del Brutal Death Metal. Con mucha energía y unas cualidades técnicas que a veces recordaban a Carcass en su álbum Heartwork, Cromlech se mostró como una agrupación creativa y llena de riffs variados que se quedan instantáneamente clavados en la cabeza, y que además sabe entregar sus temas al público. Definitivamente, logró demostrar porqué era una de las bandas más esperadas y dejó a más de un asistente ansioso por su próximo trabajo que, anunciaron, está pronto a salir. Lastima, eso sí, que el sonido por momentos se sobresaturó e impidió que todo le saliera mejor; un problema causado por el mismo técnico que llevaron para que administrara su presentación desde la consola. Un error perentorio.
Siguieron después Iblish y Daycore. Black Metal el del primero y un Thrash reminiscente, tipo años ochentas, el del segundo. Dos bandas que extendieron rebosada energía, interpretaciones de calidad y un despliegue en escenario que evidencia su naturaleza fría y de ejecución certera. Daycore se notó como una banda con trayectoria y prospectiva, pues, como lo hizo Dirges (la cuál tuvimos la oportunidad de presenciar en el Metal Medallo de junio), posee algunos elementos de Death Metal que le dan un toque característico y atrayente.
El cierre estuvo a cargo de Exordium, una banda de otro de los géneros que tiene gran peso en la ciudad: el Black Metal. Con un Black clásico que se mueve dentro del típico Blast noruego, Exordium se alejó bastante de lo desarrollado en el Expelling evil (el único trabajo discográfico con el que cuentan hasta ahora) incorporándole a su sonido actual riffs de corte Thrash Metal, logrando de esta forma un Black Metal sugestivo para quienes no son tan amantes de este género en su expresión más tradicional con baterías vertiginosas y guitarras brillantes. La presencia de un miembro femenino en la voz acompañante, también fue un elemento interesante en un festival donde la falta de intérpretes femeninos en las bandas de Metal local ha sido una constante durante todo el año.
La realización de estos cinco conciertos del Metal Medallo deja entonces un balance satisfactorio para la organización, aunque siempre habrá elementos por mejorar. En general, se puede decir que bandas de baja calidad han sido pocas, lo que permite concluir que en Medellín se está haciendo buen Metal hoy en día en sus diversos géneros. Algo que también es posible verificar a través de las producciones discográficas que han elaborado varias de las bandas participantes, y ello ha sido otro elemento a subrayar del Metal Medallo: tener la oportunidad de actualizar la colección de cd´s con buenas bandas locales.
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