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Dado el éxito de estos toques aparece Organización Visión, una empresa conformada por el vocalista de Rotting Corpse y otros socios, así como la creada por el baterista de Sanctum Regnum en asocio con American Line Prod., con la que empiezan a traer otras bandas mexicanas y a demandar conciertos a mayor escala; es así como deciden organizarlos en el Cine Cali, al que con el tiempo se le bautizó como ‘La Catedral del Metal’. Cabe resaltar de esos años la presencia de las bandas Agony Lords, Foeticide, Disgorge, Beltane, Leprocy o The Zaphyr.
A comienzos de 1996, Voivoda Marthirial inicia Maculae Prod., una distribuidora de camisetas y CDs importados sobre pedido, así como la publicación de un pequeño fanzine llamado Putrefaxión Zocial, que era distribuido en la ciudad; de igual forma, Ángel López Santizo inició la publicación de Obscurus, un zine que tenía una mayor difusión en otros países de Latinoamérica; además crea Acab Prod. & Dist. El 1 de febrero de 1997 estas dos empresas se unen para hacer el primer concierto de black metal con bandas internacionales, en este caso las mexicanas Avzhiat y Funereal Moon.
La visita de bandas en aquel momento fue numerosa y hubo una gran cantidad de conciertos, pero la aparición de grupos locales fue casi nula. Los teloneros en todos esos toques eran siempre los mismos: Sádica, Rotting Corpse, Necropsia, Sanctum Regnum, Infección, Hemorragia, Erebo y Rottennesse, esta última conformada desde el 92 e integrada por Edgar ‘El Negro’ (ex Infernal Darkness) en las vocales, Salvador De León en la guitarra, Paulo Lorenti en el bajo y Juan Carlos Madrid en la batería; pasado un tiempo sale Edgar y entra en su lugar Arturo Estrada, quien sería el vocalista más estable y con la alineación que graban el demo debut Fetus deformed, compuesto por cuatro canciones, además de tener una frecuente participación en conciertos hasta su disolución en el año 1999.
Entre los años 1962 y 1996 Guatemala fue escenario de un enfrentamiento armado interno. Su epicentro más sangriento fue el altiplano, con la aparición de grupos de izquierda, aglutinados posteriormente bajo el nombre de U.R.N.G. (Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca), levantados en armas y comandados por jóvenes provenientes de los mejores colegios de la ciudad capital o egresados de academias militares, pertenecientes a la clase ladina y quienes con el tiempo se afincaron en ciudades como México D.F., París y Madrid, desde donde dirigieron a estos grupos insurgentes.
Para llenar sus filas, en especial el E.G.P. (Ejercito Guerrillero de los Pobres), reclutaron en muchas ocasiones de manera forzosa a miles de indígenas, generando por parte del Estado y la elite económica la conformación de un ejercito de grandes proporciones, cuyas filas también eran conformadas por indígenas, conducidos por la fuerza al servicio militar obligatorio y comandados por militares ladinos graduados de las escuelas militares.
Conforme el enfrentamiento avanzó, las fuerzas ilegales notaron que perdían terreno, por lo que tomaron un plan al que denominaron ‘Implantación clandestina en el seno de las masas’. Esto no fue otra cosa más que el modelo vietnamita, con el que se involucraban pueblos enteros en la lucha, desde niños hasta ancianos, en labores de espionaje y abastecimiento, ya fuese de insumos como de pertrechos. La respuesta de las Fuerzas Armadas fue la aniquilación de aldeas enteras y la conformación de las Patrullas de Autodefensa Civil (P.A.C.), que consistían en convertir a pueblos completos en paramilitares; quien se negara era asesinado bajo la acusación de pertenecer a grupos guerrilleros.
Todo este clima de zozobra generó que miles de indígenas, viudas y huérfanos, en su mayoría, emigraran hacia la ciudad, lo que creó cinturones de pobreza y hacinamiento sin precedentes. Asentamientos (equivalentes a las comunas) construidos en barrancos; casas desde 8 mts² levantadas a partir de láminas de zinc, cartones y tablas viejas donde habitaban hasta nueve personas; de igual forma, los pobres de la ciudad habían iniciado su migración hacia EE.UU.
Fue así como una nueva generación de jóvenes emergió en la ciudad. Al desarrollarse en el casco urbano, se avergonzaban y renegaban de su identidad indígena, pero a la vez no tenían otra en la que se sintiesen representados. Con el paso de los años, muchos de los que habían viajado de manera ilegal a EE.UU. volvieron deportados, trayendo consigo una nueva subcultura urbana: Los cholos, otra clase de maras (denominadas como clicas), nacidos en Los Angeles, California, que se dividían en dos tipos: MS (mara salvatruchas) y M18 (mara de la 18 avenue). Grupos mucho más organizados y violentos que no tardaron en arrasar con los pocos break´s que aún sobrevivían y en agregar a sus clicas a todos esos jóvenes ávidos de una identidad y deseosos de pertenecer a un grupo. Pero hubo dentro de ellos un pequeño margen que no se adaptó y que al sentirse aislado se vio en la necesidad de defenderse de la violencia extrema de aquellas barriadas, a la vez que tener un escape a una vida de miseria y de falta de oportunidades. Así pues, se identificaron en el metal.
El semiólogo y novelista italiano Umberto Eco, en su libro Apocalípticos e integrados, hace una reflexión en torno a la cultura popular occidental. Eco dice que las clases económicamente menos favorecidas tienden a reciclar la cultura de la clase dominante, o por lo menos acomodada, sin crear en sí algo que en verdad sea popular, que venga de su mismo origen. Algo que con el avance de los medios se ha exacerbado mucho, y el metal no es la excepción, con lo que fue dándose en el país una transmutación de la escena.
Si bien la aparición de la piratería contribuyó a la democratización del metal, fue uno de los causantes de la desaparición de todo criterio por parte de los fans, ya que se inició una acumulación sin precedentes de bandas, sin que importara mucho de qué se trataba en realidad; bastaba con tener muchas bandas. Para entonces, cada CD tenía un costo de Q.10.00, lo que hizo del metal un elemento a cualquier bolsillo y a que dejara de ser representativo de una clase media con ciertos privilegios, para ser posesión de jóvenes de las más diversas clases.
De esta forma, el grupo denominado corrosible creció vertiginosamente y el granítico se replegó a su mínima expresión; a su vez, el movimiento alternativo estaba pasando por sus últimos momentos y sólo le quedaban algunas bandas que acogieron a un público homogéneo que llegaba a sus conciertos usando corpse paint, t-shirt de Héroes del Silencio y Spikers; jóvenes que no pasaban de escuchar bandas como Mago de Oz, Iced Earth o Tierra Santa, desvirtuando así lo que alguna vez se llamó escena metal o escena alternativa. Un factor que ayudó a llenar conciertos, pero que tuvo sus efectos secundarios con la violencia gratuita a las afueras de los mismos, la quiebra de envases de cerveza o el intento de ingresar a los eventos por grupos, a la fuerza y sin pagar, lo que deterioró bastante la imagen del rock en Guatemala.
Lo mismo que le ocurrió a los CDs lo vivieron las camisetas: en todos los mercados y puestos callejeros se les encontraba. Dado lo atractivo de ciertas imágenes, gran cantidad de jóvenes las compraron a precios muy bajos, por ello pandilleros y ladrones empezaron a usarlas. El efecto de esto a simple vista no sería digno de resaltar, a no ser por lo sucedido el 1 de enero de 2007, en el asentamiento Unidos por la Paz, escenario de uno de los asesinatos más atroces. Walter Oswaldo Aguirre Baldizón y Rollin Alexander Arrivillaga Pérez terminaron de manera violenta con la vida de la niña Evelin Karina Isidro Velásquez, un hecho que pareciera normal en un país donde en promedio son asesinadas entre 12 y 17 personas diariamente, pero dada la brutalidad con que sucedió y la indefensión de la víctima, conmovió a la sociedad.
El asesinato acaparó las portadas de todos los diarios, la imagen de dos adolescentes atontados por el efecto de las drogas usando una camiseta de la banda inglesa Cradle of Filth levantó toda una polvareda alrededor del metal, a pesar de que lo único que se les encontró fue un disco compilación de bandas de metal cristiano titulado Principio del fin. Información que puede constatarse en la publicación de ElPeriódico en sus ediciones del domingo 14 de enero (páginas 17,18 y 19) y en la del domingo 15 de julio (paginas 16,17 y 18). Situación que abonó aun más a la mala imagen del movimiento metalero. Un hecho no esperado y gratuito porque a los citados individuos nadie les conocía en la escena.
La radio en este país, y no sólo en el rock, ha padecido en los últimos años de una gran precariedad. El rock adolece aún más de esto porque al frente ponen locutores que desconocen el género y la historia de este; son simples presentadores de canciones que envían saludos a la audiencia, lo que evita la existencia de un concepto de fondo y una cohesión real que genere identidad dentro de la comunidad a la que se dirige. Este efecto anula la buena voluntad que de parte de los medios pueda existir, así mismo representa un total desperdicio del tiempo radial y crea concepciones anómalas de lo que es un movimiento.
Este caso lo vivió la emisora 94 fm, donde se dio un giro en la segunda mitad de los noventa para consolidarse como la radio del rock en el país. Al comenzar la difusión del metal a través del programa El Abismo fallaron, pues usaron un conductor que ignoraba todo respecto a la cultura del metal y de la cultura en general, asumiendo entonces una postura muy alejada del mismo; el uso de un argot ajeno al metal y las equivocaciones constantes al presentar bandas y canciones no fue impedimento para convertirse en un referente del metal, dada su difusión masiva, aunque terminó por deteriorar todavía más la identidad que para entonces existía.
A pesar de los contratiempos, quienes desde un inicio se sintieron comprometidos con la escena no dejaron de apostar por la misma. En octubre de 1997 los franceses D.A.B. fueron traídos por Fernando Varela, quien para esos días abrió su propio local: Rock-On Café, un bar bastante pequeño que se adaptaba a la realidad de la escena de esos años; de igual forma se involucró Jorge Rodas (ex Denial), quien en agosto de 1999 trajo la agrupación Master y luego a Avulsed de España en junio del 2000; seguidos de los mexicanos Drowned in Blood, el 21 octubre de 2001; la banda checa Pandemia, en mayo de 2003; Deep Red, de Finlandia, en septiembre de ese mismo año; dos meses más tarde, la empresa conformada por Rony Godoy, baterista de Sanctum Regnum, presentó a la banda norteamericana Monstrosity en el Cine Cali y en San Francisco El Alto, un municipio del altiplano que adquiere trascendencia porque fue la única vez que una banda extranjera tocó en un lugar distinto a la capital.
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