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Es Guatemala una sociedad dividida en tres grupos, pertenecientes a tres realidades totalmente distintas. Primero está la clase criolla, blanca y adinerada que vive en una burbuja, en la cual se habla inglés, se va de fin de semana a Miami y se desconoce el país mismo; luego viene la clase ladina, que nace de la mezcla entre español e indígena, y que a lo largo de los siglos ha sido quien más se ha ensañado contra estos últimos, como una forma de afirmación dentro del canon occidental y como negación de esa parte de sus raíces que le parece incómoda, como bien lo señala el poeta Luís Cardoza y Aragón: “El ladino suele discriminar al ladino que no discrimina al indio; y más lo discrimina si se pone de parte del indio”; por último viene la raza indígena, la cual es tomada en cuenta a la hora de las postales y de los anuncios que atraen turistas, pero que socialmente no existe, es ninguneada, humillada.
La generación guatemalteca de Metal nació entre un segmento ladino, urbano y clase media alta. A mediados de los años 60 hubo una serie de bandas que comenzó a hacer Rock, según aparece en el libro Cuerpo y alma, escrito por Maco Luna (editorial Letra Negra, 2006), pero no es sino hasta mediados de los 70’s que Roberto González (Blacko), Armando Girón, Patricia González, Álvaro Girón, Jorge Castillo y Mauro Castillo conforman una banda de corte más pesado, cuyo nombre fue Sangre Humana, por ese entonces identificados con las bandas Black Sabbath, Woll, Mountain y Led Zeppelin, de quienes tocaban covers. Esta se dio a conocer en un concurso de bandas organizado por la Agayc (Asociación guatemalteca de artistas y compositores). En 1979 la agrupación solo contaba con los dos primeros integrantes, ya se les había unido para entonces Osberto Reyes, a quien dos años más tarde reemplazaría Paco Salay; fue entonces esa la alineación que empezó a dar mayor dedicación a los temas originales, llegando a crear más de una veintena de canciones, dentro de las que sobresalen Satanás, esta es tu canción y Muerte dónde estás. Para esa época se podría decir que ya se conformaba una pequeña escena que cada 20 días se daba cita en la discoteca Deja Vu, con una asistencia entre 200 y 300 personas, y donde compartían escenario con bandas que generalmente interpretaban covers de Kiss, AC/DC y la banda de Punk Cráneo.
En ese entonces en la radio no se difundía nada que sonara a Rock, y menos a Metal. De manera casual, en esta misma época Juan Carlos Martínez, director de la emisora La voz del hogar, habla con Roberto González para que un domingo en la noche programe un poco de Rock, sabiendo que poseía una buena cantidad de discos. “Acá la música era imposible encontrar”, rememora Roberto. "Oscar era un amigo mío que viajaba con mucha frecuencia a Europa y quien me surtía de música, pero los mismos rockeros manifestaban aversión por el Metal, pues aducían que era pura ruido”.
Así las cosas, en agosto del 1982 se realiza la primera emisión de programa, que fue más una prueba para conocer la reacción del publico hacia este género. La acogida fue tal que la gente comenzó a llamar, y al domingo siguiente se repitió el espacio, teniendo igual aceptación. Fue un mes de programas de Metal con dos horas de duración y sin un nombre para el mismo. Dada la buena acogida, en la emisora decidieron dejarlo como un programa fijo, con un horario de cuatro horas (20:00 a 24:00) bajo el nombre de Una noche de Rock. En sus inicios entraban entre 70 y 80 llamadas por noche, con el tiempo llegaron a ser hasta 400.
Al principio lo que sonaba eran trabajos como el EP Solitario, de Panzer, o Va a estallar el obús, de Obús. Con el tiempo fueron llegando LP´s como el Welcome to hell, de Venom, los cuales Roberto González daba a conocer en el programa, y que a su vez se convertían en influencia para Sangre Humana.
“Black Metal para nosotros era hablar de Satanás. Le poníamos ese nombre a todo lo que fuera relacionado con el mal… En ese tiempo nos terminó llegando Bathory, Slayer y Sodom, debido a que la música me la traían de Europa; por eso nunca supimos de la existencia de bandas como Sarcófago o Sepultura; de hecho, Sangre Humana era considerada Black Metal, y a mí por esa música me llamaron ‘Blacko’, aunque en realidad, y visto a la distancia, lo podríamos catalogar como una banda de Thrash Metal con reminiscencias de Hard Rock y una clara tendencia temática hacia el satanismo”, describe Roberto. Como también lo revela él mismo, en esos años el Thrash Metal no tuvo mucha acogida, la gente quería saber de bandas que adoraran al mal, nada más.
Una de las peculiaridades de Una noche de Rock es que se permitió usar el lenguaje tal cual era expresado en las calles, lo que en un país tan conservador como Guatemala fue romper un tabú. A medida que bandas más pesadas empezaron a llegar al programa, éste separó una franja de una hora exclusivamente para difundirlos, al cual llamaron Metal masacre; de igual forma, sabiendo que conseguir ese tipo de música en ese país era casi imposible, se creó una franja en que los radioescuchas escribían pidiendo un tema en especial para ser grabado desde sus casa en formato cassette, que era lo más común para entonces. Al final, las libertades concedidas por la emisora devinieron en exceso y Roberto se vio obligado a abandonar el espacio, quedando en su lugar Sergio Iván Rodríguez, El Loco, quien lo convirtió en un programa netamente de Rock, excluyendo el Metal.
En 1986, por primera vez en casi cuarenta años, un civil asume la presidencia de Guatemala mediante elecciones democráticas. En medio de este ambiente, y para transmitir una señal de apertura a las diferentes corrientes jóvenes por tantos años proscritas, el presidente, a través de la Secretaría de la Juventud, organiza en el entonces llamado Parque Central –hoy conocido Plaza de la Constitución–, los primeros conciertos masivos con la idea de reunir en un solo punto a quienes recién se estrenaban como ciudadanos y así demostrar las bondades de un régimen democrático, que para quienes tenían menos de treinta años era algo meramente novedoso. Cabe resaltar que ciertamente fueron estos conciertos, con la presencia de bandas tan dispares como Lvzbel, White Cross, La Torre y Suburbio Marginal, en los que por primera vez quienes aisladamente se habían identificado con el género Metal, pudieron conocerse y reconocerse como tales, naciendo de esta forma el Metal como movimiento dentro de este país.
La banda más representativa, como es de suponer, fue Sangre Humana. Esta, en el año 83, entró a los estudios de Luís Blanco a grabar un disco de 45 revoluciones, convirtiéndose en la primera grabación local del género. Este disco incluyó dos canciones: Visión satánica, que le daba el nombre al EP, y Destino del poder, actualmente una verdadera rareza, en la que se mezclan el Thrash Metal con algo de Hard Rock y una letra de corte satánico.
En 1987 Paco Salay decide abandonar la banda, entrando en su lugar Charly Vásquez, un guitarrista que recién regresaba de Chicago, EE.UU., y que traía unas influencias totalmente distintas, más en la onda de bandas como Accept, lo que generó que la línea musical de Sangre Humana cambiara totalmente. Fue por ello que decidieron que el nombre de la agrupación ya no era adecuado de acuerdo al ritmo que se seguía, entonces resuelven realizar un concierto de despedida en un local llamado Danny´s.
Análogamente a esta despedida, nacen como Guerreros del Metal, un nombre que se adecuaba más al estilo que habían adoptado; un nombre que si bien no abandonaba del todo su pesadez, se inclinaba más a las rítmicas del Heavy Metal y dejaba atrás las letras satánicas que al momento les habían caracterizado. Para el año 1989 y ya con suficiente material propio, se acercan a la disquera Fónica, la cual se dedicaba únicamente a la grabación de discos de marimba, el instrumento nacional, y que les propone un contrato que económicamente no era nada significativo, pero era la oportunidad de entrar a estudio y sacar un material profesional. Fue así como bajo la dirección del ingeniero Rafael Lau, graban un disco homónimo que se compuso de ocho temas, dentro de los que sobresalió Animal de ciudad.
Por esos años el Rock en español estaba en su apogeo, con bandas memorables como Virus, Identikit, Duncan Dhu y Danza Invisible, siendo la emisora Nueva Clase la líder en emitir esta oleada de Rock en tu idioma, que era el slogan por esos años. Esta era dirigida por Sergio Iván Rodríguez, El Loco, quien decidió arriesgarse con Guerreros del Metal ya que el disco tenía cerradas las puertas en todas las demás emisoras, en unas por ser muy pesado y en otras por ser en español. Lanzó, pues, Animal de ciudad como el impulso de la semana, lo que en un país conservador como Guatemala implicaba demasiados riesgos para un director de radio, pero él lo hizo con la condición de que si el público no lo pedía en la primera semana, el tema dejaba de sonar. Curiosamente entró en el puesto número 18 del top ten, a la siguiente semana estaba en el puesto 12, en el próximo conteo ocupó la casilla número 8, hasta que finalmente pasó 6 semanas en el primer lugar, lo que los catapultó a ser declarados Grupo revelación del año y, posteriormente, Grupo impacto a nivel centroamericano.
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