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LOS HIJOS DE ODÍN

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EL BLACK METAL Y SU FUNCIONALIDAD EN AMÉRICA LATINA
Por: Juan David Alzate

Es necesario especificar que el interés de realizar una posición frente a la aplicabilidad del satanismo en Latinoamérica quedaría difuso si se generaliza la dinámica cultural, política y económica de todos los países que conforman la región. Al igual que en Europa, países como Noruega, Finlandia, Inglaterra y Alemania presentan características distintas en términos religiosos que consolidarían una aplicabilidad del satanismo de distintas maneras.

Se hace necesario entonces fijarse en el caso específico de Colombia, que según el historiador Luís Javier Ortiz, director del grupo de investigación Religión, Cultura y Sociedad, de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín, se hace especial, pues: “Es importante tener en cuenta que a diferencia de Argentina, Chile y Brasil, países como Ecuador, Honduras, Perú y Colombia han sido construidos con una presencia fuerte de la Iglesia Católica. La muestra de ello es la influencia de la iglesia judeo-cristiana en las guerras civiles colombianas de finales del siglo XVIII y XIX. Esto ha conformado un país con constituciones muy conservadoras y con una construcción nacional de muy poco carácter pluralista y liberal”.

   

Más que una rebeldía
La investigadora Merja Hermonen (1) se realiza una pregunta interesente: “En la actualidad es realmente sencillo para casi todas las personas encontrar información en Internet sobre los grupos satánicos mejor organizados alrededor del mundo; sin embargo, aún existen ciertos debates sobre el tema: ¿Es el satanismo un fenómeno real? o ¿existen tan sólo jóvenes que patean lápidas? Las posibles dinámicas en las diferencias que existen entre lo “satánico”, ideológicamente anticristiano y ateo, y lo satánico, experiencias y estilo de vida orientados ontológicamente hacia Satán, no han sido determinadas ni analizadas”.

Y es evidente que la falta de literatura académica al respecto se ha concentrado en hacer venia a las costumbres morales. Es de observar el texto publicado en el año 2000 por la Procuraduría General de la Nación colombiana (2), donde se analizan los hechos que el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) tiene relacionados con satanismo, en especial en el Eje Cafetero. Igualmente, entre esas pocas publicaciones con las que cuenta el país, casi todas son de carácter de trabajo social (no podemos olvidar que las universidades con mayor importancia en esta área académica son fundadas y sostenidas por comunidades católicas: franciscanos, marianos, etc.) y conciben al satanismo como una enfermedad mental.

En este sentido, es necesario sostener la idea que el análisis del satanismo en Colombia es precario en cuanto polifonía se refiere, pues no se ha contextualizado en término culturales, ni se ha mirado en el ámbito discursivo. Y respondiendo a la pregunta de la investigadora Hermanen, es de observar las actividades realizadas por Héctor Escobar (no propiamente un joven que patea lápidas) para empezar a dimensionar el quehacer del satanismo en Colombia.

Entre el Bien y el Mal
Ante este panorama desalentador no es de más retomar dos conceptos necesarios para mirar con otros ojos lo que puede ser el satanismo en Colombia.

Nada extraño que en este país llegaran con fuerza dos tradiciones un tanto fundamentalistas que incorporaran en la tradición colonial estos dos conceptos; dos tradiciones que señala el escritor Germán Espinosa (3): “En la escatología del maniqueísmo, y aun en la doctrina cátara, el Mal posee mayor entidad que el Bien, y prácticamente se identifica a este último como una ausencia de aquel. Se entiende, pues, al Mal como ente positivo y al Bien como ente de razón. El bien sería, en este último caso, la abstención, mientras el Mal es la acción”.

Este “no accionar”, la abstención y el bloqueo a valores libertarios fueron muy dados en la construcción de un país como Colombia, ello se ve reflejado en el sexo, la política, las artes plásticas y la economía. En este sentido el objeto del satanismo en nuestro país estaría más relacionado con enmarañar los conceptos de Bien y Mal y darles la suficiente complejidad para adentrarlos a un entorno social más amplio. En últimas, el satanismo que sería efectivo no sería el que realiza una lucha “armada” en contra del cristianismo, sino aquel que lleva a cabo un encuentro argumentado de ideas en contra de una tradición de poder formada a través de la moral religiosa. Una idea formada a través del individuo que se enmarca dentro de un mundo más natural y menos místico, algo que ya los griegos habían dicho con Hesiodo, al mostrar el demonio como el anhelo del hombre de gobernar su propio destino; muy al estilo del Fausto de Goethe, pero que en el encuentro entre el mundo occidental y oriental con el judeo-cristianismo se perdió.

Con esta cita de la investigadora Hermonen se reitera un poco la importancia de considerar esta idea del satanismo que está más cercana a la cuestión moral que a la conformación de una nueva religión. La idea es evitar más usos de los garajes en cosas no propias de ellos. “El satanismo como una forma de pensamiento racionalista e individualista ha generado varias preguntas básicas sobre la moral, poniendo sistemáticamente en tela de juicio los valores básicos cristianos. Un satanista no cree en el Dios cristiano ni en Jesús como su hijo, no cree en la vida después de la muerte, no acepta la misericordia como principio, y considera que los códigos morales son básicamente individualistas y no sociales. No existe una política satánica, pero hay muchas cosas que un satanista desearía cambiar, por ejemplo, la contaminación del planeta y el dominio de la iglesia judeo-cristiana. Ciertos satanistas racionalistas creen en los cambios y posibilidades que la política ofrece. Los partidos políticos parecen no ser importantes, pero las necesidades culturales individuales sí lo son”.

Citas
(1) Hermonen, Merja, Con y sin Satán: Ser un satanista o un adorador del demonio en un país luterano, revista Nómadas No. 13, Departamento de Investigaciones Universidad Central, Bogotá, octubre de 2000.
(2) Álvarez Correa, Miguel, Soler, Arturo, Ochoa R., José F., Tribus del diablo, Procuraduría General de la Nación, Institutos de Estudios del Ministerio Público, Colombia, 2000.
(3) Espinosa, Germán, Acerca de un libro diabólico, en: Magazín dominical de El Espectador, No. 409, feb.1991.

:. Primera entrega: El arribo .:

:. Segunda entrega: El coletazo noruego en Medellín .:

:. Tercera entrega: El Black Metal y su funcionalidad en América Latina .: