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NO SÓLO DE ARTE VIVE EL HOMBRE

Desde hace algún tiempo muchas son las voces que se han pronunciado acerca del costo del arte en Medellín.

Decenas de músicos, actores y directores, entre otros, han dejado constancia en múltiples ocasiones de las dificultades que surgen al proyectar una película, presentar una obra de teatro o realizar un concierto en esta ciudad acostumbrada a negociar y renegociar desde un clavo o una tuerca, hasta la vida y la muerte de ciudadanos comunes y corrientes como ustedes o como nosotros, y que por lo tanto hace del arte un oficio para temerarios del que difícilmente se puede vivir.

¿Quién no ha escuchado alguna vez hablar de las necesidades por las que pasan algunos teatros en la ciudad? o ¿Quién no se ha ido a ver una película desprevenidamente y se ha encontrado con una sala de proyección casi vacía?

Casi todos. Por ello es que dicho panorama resulta tan desconsolador como paradójico, pues mientras por un lado la gente no sólo pide sino que exige presentaciones, exposiciones y conciertos de talla internacional, por el otro se queja y se niega a pagar por el costo de una boleta, que muchas veces –por no decir casi siempre- vale menos de lo que realmente debería en comparación al esfuerzo que realizan los actores, directores, pintores, músicos, escultores, fotógrafos y demás por ofrecer un producto de alta calidad.

Por tal motivo no es de extrañar que la ciudad se haya vuelto una plaza tan complicada para realizar espectáculos de grandes proporciones, pues aparte de las dificultades que genera la mentalidad cerrada y facilista de sus habitantes, en donde los eventos deben proveerse casi de forma gratuita, existen otros factores como la falta de escenarios adecuados y las limitantes impuestas, en algunos casos de manera justificada, por la administración municipal que están dejando a Medellín como una ciudad en donde el arte- sobre todo del que no se habla en medios de comunicación- carece de transcendencia social y cultural.

BASTA YA DE MENOSPRECIAR EL ARTE, SEA CUAL SEA SU EXPRESIÓN, REDUCIÉNDOLO A DISTRACCIÓN PASAJERA PROPIA DE GENTE CON MUCHO TIEMPO LIBRE.

En ese sentido, es importante seguir insistiendo en la cultura del pague por ver –como pasa con la televisión por cable- así sea de forma voluntaria, como se viene dando en algunos teatros de la ciudad, pues de otra forma es imposible seguir realizando eventos masivos en Medellín, por ejemplo un concierto con bandas como Tenebrarum, Athanator o Kraken, cobrando 4 mil ó 5 mil pesos, cuando los costos propios de la logística del evento, como el alquiler de equipos de sonido, video y el transporte, entre otros, pueden llegar a costar millones, y que en muchos casos se deben cancelar de forma anticipada y del bolsillo de los propios artistas.

Esto de pagar por el espectáculo no es sólo porque de alguna manera hay que sufragar los gastos propios del evento, o porque los organizadores se quieran llenar los bolsillos (cosa que en el Metal es casi imposible) sino porque a los artistas, lejos de verlos como los protagonistas del fin de semana, hay que concederles el espacio y el respeto que realmente merecen, no sólo costeando por su arte, que en muchos casos es su propia vida, sino pagando bien, como ocurre con cualquier otro profesional cuando realiza un trabajo.

Basta ya de subvalorar el esfuerzo ajeno sólo porque no encaja dentro de lo que comúnmente se reconoce como profesión o por lo menos como un oficio digno. Basta ya de menospreciar el arte, sea cual sea su expresión, reduciéndolo a distracción pasajera propia de gente con mucho tiempo libre. El arte en Medellín se merece más que eso, más que artesanos explotados, que actores solicitando colaboración para seguir soñando o músicos que se suben a una tarima por una gaseosa y un sanduche. Aquí no se pide que a los artistas se les otorgue asistencia estatal tradicional (que sería lo lógico) como pasa en México, donde el Estado subsidia los materiales de los artistas a cambio de que estos expongan sus obras en sitios públicos, sino que las personas comiencen a entender al arte como un estilo de vida, como una profesión y así la retribuyan, para que alguna vez se pueda decir, sin temor a equivocarse, que en Medellín el artista es digno y de su arte puede vivir.

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