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¿PROYECTOS AUTOSOSTENIBLES?



Términos como autogestión y viabilidad se han hecho comunes en los últimos años dentro del círculo de personas que tienen al arte o la cultura como su profesión u oficio. Las rifas y las promociones, por ejemplo, dejaron de ser hace mucho tiempo estrategias propias de bancos, almacenes y centros comerciales para convertirse en las tablas de salvación para decenas de teatros, bares y museos entre muchos otros.

El metal, como expresión cultural emergente, no es ajeno a este tipo de circunstancias en donde muchos de los proyectos orquestados en torno suyo nacen, crecen y, si tienen algo de suerte, se reproducen en medio de una cantidad absurda de dificultades que en muchos casos comienzan por la falta de apoyo de las mismas personas que, supuestamente, hacen parte activa de la tan renombrada y cuestionada escena metalera de su barrio o de su ciudad.

En el caso de proyectos dedicados al género que hacen uso de las nuevas tecnologías, como este espacio, el asunto es más complejo aún, pues a las dificultades propias de un medio de comunicación alternativo que debe buscar, seleccionar y editar sus propios contenidos, se suman las complicaciones de orden técnico y legal como la ubicación de un buen servidor y la administración de las licencias y derechos de autor de cada uno de los productos a publicar, sin contar con que todo ello debe hacerse con recursos propios y en los ratos libres, lo que a la postre, en la gran mayoría de los casos, termina minando las expectativas de vida del proyecto.

Por lo anterior, se volvió en una empresa casi que imposible hallar propuestas en torno al género que logren sobrevivir mas allá de doce meses, o a lo sumo 18, sin importar el tipo de proyecto, los recursos a utilizar, la frecuencia de emisión o publicación, los responsables de la propuesta o el medio de comunicación que temerariamente se arriesgue a respaldar la iniciativa. En Medellín, como en muchos otro lugares del país, simplemente las manifestaciones de largo aliento de minorías culturales como las del metal, o no existen o aparecen y desaparecen tan rápido y tan fácil como un cuadro gripal, de esos que ni siquiera ameritan combatirse con medicamentos porque el paso raudo e inmisericorde del tiempo termina acabando con la fiebre, la congestión, el malestar, la voluntad, las ideas y hasta la memoria.

LAS RIFAS Y LAS PROMOCIONES, POR EJEMPLO, DEJARON DE SER HACE MUCHO TIEMPO ESTRATEGIAS PROPIAS DE BANCOS, ALMACENES Y CENTROS COMERCIALES PARA CONVERTIRSE EN LAS TABLAS DE SALVACIÓN PARA DECENAS DE TEATROS, BARES Y MUSEOS ENTRE MUCHOS OTROS.

Las causas de dicho panorama son tan variadas como increíbles, pues por muy extraño que pueda parecer, no sólo es la falta de profesionalización de los encargados de los proyectos en torno al metal lo que conspira en contra de su viabilidad, sino también la apatía y la falta de voluntad de las personas que hacen parte del público objetivo, quienes de una u otra forma permanecen al tanto de lo que ocurre en su entorno y que con ideas concretas podrían mejorar la constitución de proyectos relacionados no solo con el género sino con otras expresiones de carácter cultural.

Hechos como pagar una boleta o comprar un disco legal, si bien son dos muy buenas maneras de apoyar la escena del metal en la ciudad o el país, no son suficientes para hacer de los proyectos que giran en torno al género viables o autosostenibles, pues en muchos casos las propuestas para hacer un programa de radio, abrir un bar, inaugurar una exposición fotográfica o realizar un concierto se hacen más con el deseo de fomentar espacios de participación y convivencia entre los seguidores, que de llenarse los bolsillos a costa de la buena voluntad de otros; es decir, los recursos para hacer visibles y viables los proyectos son muy importantes, pero no son el único factor que señala la longevidad de las iniciativas del género pues la crítica y el debate también son bases sobre las cuales se pueden sustentar la duración y autosotenibilidad de las propuestas.

En síntesis, falta voluntad, falta determinación para hacer propuestas (que de seguro las hay) y falta cohesión entre los simpatizantes o seguidores de la escena del metal en la ciudad para contribuir en la elaboración de iniciativas de larga duración, no solo del género, sino de muchas otra corrientes que tratan de sobrevivir de forma paralela en el entorno cultural de la ciudad. Hasta que estas condiciones se den, este espacio seguirá, esperando que no pasen de nuevo semanas o meses para actualizarse, procurándose la continuidad, como los demás proyectos de este carácter que a ello le apuestan.

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· Menos charla, más orden, planeación y mucho más metal
· Bajalavoz
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