¿En qué pienso cuando escucho música? Pienso en qué sería de Burzum sin esa etiqueta clásica de black metal que lo encasilla y no nos deja ver más allá. Es que un paradigma ve lo que el paradigma deja ver. Escucho esos pianos, teclados, strings, bells, synthetic rythms, all, and then i wonder: What were thinking Varg when he created Hlidskjálf? ¿Para él eso era metal o fue sólo una catársis de lo que vivió y sintió en la cárcel?
Ahora que los relaciono, se me cruza por la cabeza Bach, pero él no sería tan simple (aunque prefiero decirle minimalista); recuerdo ahora, sí, a ese prodigio peregrino que varios oídos conocedores aturdió con sus melodías para ensalada y ascensor. ¡Qué va! Ese monito Clayderman no fue nada, un escudero que gana indulgencias con la música y el instrumento de Beethoven. Su música romántica se me antoja una velada patafísica indescifrable para el mismo Tim Burton, para Fernando Pessoa; qué dirá Alfred Jarry de ese empalagoso ritmo, qué sentirá el Matacandelas. ¡Una herejía para ese instrumento!
Paso al Daudi Baldrs y me siento seguro de que Vikernes se sintió solo; quizá también algo desorientado, pero con ritmo. Burzum sintió la pausa, la cadencia, el tiempo y los tiempos que en la cárcel lo atraparon y lo atemperaron. Seguro sintió todo ese junto y ello fue lo que transmitió, digo yo
¿Black metal? No sé ni me importa, la verdad. Fue libre él para crear y yo para escucharlo, entonces, de cuándo acá esa etiqueta importa. Es que yo sí escucho a cabalidad, a raja tabla, como debe ser. Lo escucho respirar y cómo sostiene la nota que no cae fugaz sino inesperada y sentida, a veces sin fuerza, acaso dubitativa, y encuentro un resurgir de épocas desaparecidas, de un anhelo ancestral que se expresa todo de manera sintética, en un midi que logra capturar un hombre que piensa en las viejas jornadas, en Balder y Hermodr, en una historia que no es necesariamente la suya porque hace parte de la ficción pero que él decidió hacer propia gracias a una cualidad ineludible: la libertad de ser, la libertad de crear historias.
Libertad fue lo que usó Varg. Libertad desde su encierro juvenil y adulto que ahora lo devuelve hecho alguien que no sé qué será. Y esa misma libertad es la que uso yo acá para interpretar, para tratar de entender. Pero no tiene sentido quedarse pensando en el porqué o para qué hizo la música que hizo sabiendo que empecé mal, entré perdiendo con esta pregunta que está mal planteada desde el título y acá lo reafirmo: empecé mal y terminé mal. O bueno, trataré de no hacerlo y me encamino de nuevo. A la música no hay porqué endilgarle fines o propósitos: debe ser libre. No debe responder a una pregunta que solo verá lo que quiere ver, o escuchar lo que quiere escuchar. Y ojo con esto, escuchar, no oír, escuchar la música que crepita. Lo demás es ruido, y para ruido ya tenemos suficiente.
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