Por: Jenny Giraldo García
Aunque violado, irrespetado e ignorado, el derecho a la libertad de expresión todavía existe en el papel, hace parte del ser ciudadano y de la esencia misma del hombre. Pero cuando hay que guardar silencio porque se imponen la censura y el mal llamado control ciudadano, hay palabras que se niegan a permanecer guardadas y a quedar en el olvido.
Levantarse contra el sistema, cualquiera que este sea, es una de las reivindicaciones de la condición humana; pero cuando la represión y la censura son realidades predominantes, surge para algunos, en medio de la clandestinidad, la posibilidad de alzarse en armas y fijar las posiciones que de otra manera no saldrían a la luz pública.
Es esa necesidad la que ha hecho que hoy, en esta ciudad, las paredes cuenten historias. Hablan de religión y de política, piden libertad, critican y disienten. Estos muros se han convertido en lienzos de rebeldes que no quisieron reprimir sus palabras. Ahí están, en muchas esquinas, diciendo a través de un grito silencioso que el presidente es facho, nazi y paramilitar; afirmando que cristo apesta y poniendo a ese mismo icono de la religión oficial de este país en la conocida posición del Tío Sam anunciando con su maliciosa sonrisa su ánimo de reclutamiento: I want you.

En nuestra ciudad la osadía no da para tanto; sin embargo, el stencil es un testimonio, un reclamo, una queja. Los vemos en cada esquina, y aunque artísticamente no se comparan con los hecho por Banksin, su valor está en que en una ciudad parroquial, en una provincia como esta capital antioqueña, hay expresiones clandestinas contra el sistema, hay quienes durante el día piensan en la mejor manera de decirlo, de plasmarlo, preparan una plantilla y esperan el momento oportuno para dejar esa huella anónima en cualquiera de las paredes que conforman las calles de Medellín.
Cuando muchas voces no pueden ser escuchadas, nos quedan las murallas de la ciudad, nos quedan los mensajes y testimonios que estas paredes recogen. Ellas siguen gritando y pidiendo libertad, siguen hablando de opresión y de violencia, siguen, siguen…
Cada día un muro más es cubierto y muchos de estos mensajes son acallados. Hay otros que parecen resistirse pero no están exentos del peligro que vive un país en el que está prohibido pensar, hablar y oponerse. Pero ahí están las paredes, pensando por tantos que pasan de lado, hablando por ellos, intentando explicar que la mejor manera de estar no es en silencio.
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