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ROTTING CHRIST

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Rotting Christ [ ampliar ]

Por: Juan Camilo Arboleda
Fotos: Diana Henao (Chaotica Concept) ©
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Cuando Sakis pedía silencio para comenzar lo que sería su última canción del concierto, la mayoría de los asistentes, que inexplicablemente no eran muchos, comenzamos a darle lo que pedía porque además lo hacía en un claro español. “Silencio mis amigos”, dijo el griego que me afirmó que hablaba español, “muy poquito”, porque en las giras por Suramérica se encuentra con poca gente que habla bien en inglés.

Recuerdo que escuché dos ¿o tres? golpes en el charles de Themis y listo. Sakis comenzó a marchar con el rasgueo de su guitarra, con un sonido que fue apoteósico y nítido y fiel a lo que he escuchado en sus producciones desde Thy mighty contract, saltándome A dead poem y finalizando beligerante con Theogonia. Aunque no supe cómo se sucedió el concierto que tuvo en Medellín hace diez años, sí escuché esta vez que desde Non serviam, desde In domine Sathana y Nemecic la banda enseñó el sonido contundente que transmite en sus discos.

Vi un par de veces protestando a Sakis porque no sentía el bajo, también porque el bombo se perdía, porque dejó de escuchar un momento el retorno, quizá, pero se le olvidaba o lo sabía ocultar cuando el ritmo se apoderaba de la tarima y ponía a corear a los casi 300 asistentes al concierto en Rionegro –Antioquia, para los que perdieron geografía–.

El génesis

Pocas veces deja de protestar la audiencia por la banda encargada de telonearle a los invitados internacionales. Suelen invitar muchas, suelen empezar tarde, suelen y suelen dejarle a uno esperando, pero lo más complejo es que no se hace intencional sino por los infaltables errores de cálculo. Particularmente, aunque no se me haga extraño, la producción de este concierto en Antioquia (no sé mucho de lo sucedido en Bogotá) trajo satisfacción para los asistentes aunque no tanta para los realizadores (ya es un hecho que no se podrá tener a Sodom en Rionegro o Medellín porque el público no responde masivamente).

Decía y me fui largo que de la banda telonera siempre hay un pero, sin embargo esta vez no escuché uno solo. Aphangak se desempeñó de manera compacta y movilizó la masa dispersa que hasta entonces había al frente del Aula Múltiple del barrio El Porvenir. Las canciones se coreaban, no hubo un solo vituperio en su contra y les pedían más temas en lugar de aclamar por la visita. La banda satisfacía por todos los flancos, porque sonó estructurada y ensayada, e incluso encontró el culmen cuando interpretó Armageddon. En el aire nos dejó y nos enseñó que el metal que están haciendo es un claro dark con unos tintes de doom que nos ubicaron por unos minutos en una obra teatral bien musicalizada.

Interpretó también un cover de Emperor, I am the black wizard, que les sonó fuerte y bien ejecutado, lástima que ninguno de los integrantes de Rotting Christ lo haya escuchado. De ello estoy seguro porque los observé arribar luego de que Aphangak abandonara la tarima y se mezclara con el público no tan ansioso, no tan masivo, no tan apremiado porque había tiempo y eran cerca de las nueve y treinta de la noche.

Práctico y contundente

Rotting Christ [ ampliar ]Sería quizá por el espacio, por tener que cruzar a través del público para alcanzar la tarima, aunque separados por una barrera metálica, que el concierto tuvo un agradable sentido familiar, de cercanía. Y es que Sakis y Themis Tolis, junto a George (guitarra) y Andreas (bajo), estaban a simples tres pasos de distancia interpretando canciones de casi todos sus álbumes: las icono, las nuevas, las clásicas, las marchantes y vociferantes, las anticristianas, las de la mitología griega, la de Hesiodo, la feroz, la voraz, la existencialista y la antimoralista, el black metal que le conocemos.

Fue más de una hora, por lo menos eso me dice la noción luego del concierto, sin muchas atmósferas (los teclados de algunas de sus canciones no hicieron mucha falta) ni tiempos vacíos porque Rotting Christ terminaba una y empata rápido con la siguiente, y así nos llevó por no sé cuántas canciones.

Al frente nos apretujábamos para estar más cerca, hasta donde la valla lo permitía. No teníamos allí el sonido amplificado porque nos daba claro y suficiente el retorno de la banda y sentíamos el bajo, las guitarras, la batería y una sola voz dispuestos para mil personas, pero que nos estábamos consumiendo trescientas sin más ni más. ¿A esas alturas a quién le importaba el amigo que se quedó afuera esperando una rebaja? Y los hubo, sí. Mientras que adentro compartíamos la inexplicable satisfacción de sentir en vivo lo que años atrás teníamos rodando en un casete grabado por lado y lado, otros esperaban afuera a que les vendieran barata la boleta o a que abrieran las puertas para que los dejarán entrar porque, por pura lógica subterránea (ilógica por antonomasia), pensaban que ya la organización no perdía nada, que ya nada le costaba.

Rotting Christ [ ampliar ]Cuando paró la música el agotamiento y la satisfacción fue general. Por lo menos eso pensé cuando la banda, paró, se despidió, agradeció, se bajó de la tarima, se le coreó y se montó de nuevo y Sakis pidió silencio en una lengua que se mezclaba con un particular tono español que no se traga las erres. Tocaron solo una canción y se despidieron de nuevo y nos dispersamos con dos dichas pasajeras: una, ver hace segundos en vivo a una banda trascendente para el metal mundial; la otra, no haber tenido que viajar ocho horas de ida y otras ocho de vuelta para tener justo al frente el seis de junio a esa agrupación internacional trascendente que ya mencioné, al mismísimo Rotting Christ en vivo, desde Grecia, en Rionegro, en Antioquia de nuevo.

Agradecimientos: Metal Legion´s y Sylphorium Records.

 

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