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DEATH MAGNETIC. ¿EL PASADO EN PRESENTE?

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Por: Juan Camilo Montoya


Sin duda alguna, es muy complicado juzgar el trabajo de un artista que se valora y que se respeta en extremo, máxime cuando este dice o hace cosas que por algún motivo controvierten el querer o pensar de las mayorías. Pero es más complejo aun conceptuar sobre él cuando luego de un prolongado silencio la demostración de poder que debe exhibir ante sus seguidores, ante el mundo, se queda a medias, se queda corta, se queda sin fondo.

Esto es lo que pasa con el nuevo trabajo de Metallica, que lleva por nombre Death magnetic, y en el cual se basaban todas las esperanzas para ver resurgir a la banda que desde hace ya casi tres décadas le abrió a muchos los ojos y los oídos a un nuevo panorama soportado en la furia y el vértigo de canciones como ‘Ride the lightning’, ‘Seek and destroy’, ‘Creeping death’, ‘Battery’ y ‘Blackened’, por nombrar una cuantas.

Y a decir verdad, no era para menos. Más aún si tenemos en cuenta el tremendo error que cometió la banda con la edición del álbum St. Anger, al cual los mismos integrantes de Metallica calificaron de unidimensional, y que a su vez les valió no sólo el repudio de la crítica especializada en Estados Unidos y en Europa, sino el alejamiento de millones de seguidores en todo el mundo.

Pues bien, este no es un disco fácil de comprender, debido a que se mueve entre un sonido similar al Load y el Reload, con percusiones lentas, muy limpias, que muchas veces se detienen durante los silencios de las canciones, guitarras muy planas que tratan de esgrimir uno que otro solo propio del “ancestral” thrash, y coros que se hacen o muy cortos o faltos de relevancia, de fuerza rítmica y vocal.

En el álbum se encuentran desde sonidos muy fluidos con pocos sobresaltos en las melodías y en las voces, como en ‘The unforgiven III’ (una total decepción, teniendo en cuenta sus anteriores versiones), pasando por sencillos cargados de vértigo y potencia vocal como en ‘My apocalypse’ y ‘All nightmare long’, hasta cortes largos y totalmente instrumentales como ‘Suicide & redemption’. En ese sentido, la elección de ‘The day that never comes’ como lanzamiento del álbum es más que acertada, pues sintetiza el espíritu pausado y reflexivo que hoy posee la banda y que se mezcla con sonidos propios de la década de los ochenta, donde los cambios rápidos pero ordenados de velocidad eran la constante de las canciones.

Sumado a esto, está el hecho de que la actitud de la banda ha cambiado con respecto al trabajo anterior, pues, de la mano del Death magnetic, Metallica no sólo trató de retornar a sonidos básicos y característicos del thrash más comercial, sino que la postura ante los medios de comunicación ha sido más complaciente, al punto de presentarse en eventos como los MTV VMA Latinoamérica, en un buen intento por afianzarse en el mercado hispanoparlante, sobre todo al sur de los Estados Unidos.

Sin embargo, luego escuchar con mucha atención el álbum queda la impresión que los medios de comunicación, sobre todo en Norteamérica, volvieron a sobredimensionar el álbum (como pasó con el St. Anger), pues a pesar de que el Death magnetic se constituye en un nuevo punto de inflexión en la carrera de la banda por tratar de volver sobre sus raíces, la producción general del trabajo deja un tremendo sinsabor, comenzando por la propuesta grafica del CD (muy difícil de descifrar) y siguiendo por la línea sonora que Rick Rubin (productor del trabajo) eligió para enmarcar la ruta de cada una de las canciones; la misma que prestigiosos ingenieros de audio como Ian Sheperd han criticado por venir en un formato muy comprimido, al punto de afirmar que las pistas del trabajo suenan mucho mejor en el video juego Guitar Hero.

Aunque tales consideraciones influyan negativamente en las opiniones que personas propias y ajenas a la historia de la banda puedan tener sobre el trabajo, hay que destacar el esfuerzo de Metallica por respetar en algo no sólo los sonidos característicos de ese estilo raudo, pulido y desgarrado de la década en que surgió, sino el sentir y pensar de los seguidores en todo el mundo, al que le han tratado de devolver en parte la actitud despreocupada con el que lanzaron en el pasado varios trabajos (algunos de ellos clásicos del metal, incluyendo el portentoso Black album).

En fin. El Death magnetic no es la mejor de las apuestas de una banda con una hoja de vida brillante como Metallica. No es el pasado en presente, como muchos quisimos augurar. Ni siquiera se acerca a la calidad de trabajos de transición como el And justice for all, pero es una buen intento por demostrar que la voluntad, que la ira, que la actitud que alguna vez la banda tuvo siguen ahí, intactas, listas para seguir demostrando por qué Metallica es un icono, un dios de la historia del rock universal.

 

El Death magnetic no es la mejor de las apuestas de una banda con una hoja de vida brillante como Metallica. No es el pasado en presente, como muchos quisimos augurar. Ni siquiera se acerca a la calidad de trabajos de transición como el And justice for all.