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Por: Victor Raúl Jaramillo


Metal medallo

El sueño no tiene la verdad, pero la verdad no se puede obtener sin el sueño. Conocimiento ruta del futuro que algunos describen como desierto y que ya ha comenzado a gobernar las ciudades de ceniza donde tú y yo estamos separados. La noche trae a los perros hambrientos y las sirenas de sus motores raudos en prisa hacia el abismo, hacia el desierto que crece. La música busca su público como una imaginación que debe existir, mas no como creación. La imaginación de lo que existe no es más importante que la imaginación de lo que se crea. Y sólo lo que se crea constituye la versión de lo dado, el allí donde hemos llegado y ahora es aquí agrupado en cabezas que cruzan de lo que somos a lo que amamos: la música. De esta manera los perros no asediarán la limosna que el mundo da en su inhábil caridad de bestia domada. Así, los días de las multitudes llegarán a ensombrecer el abismo, vacío de niños cuando su imaginación cambia al amigo por la realidad del hambre y la guerra. Transformación del mundo de la vida por la manipulación del poder venenoso de las empresas que dicen qué es el amor, sin haber amado todavía. Teorías que obnubilan nuestra práctica, nuestro estar siendo en el mundo como hombres libres encadenando nuestro hígado. Prometeos que encendemos las aspiraciones de los que vienen a nutrirse con nuestra lepra. Buitres que destrozamos las entrañas de nuestra verdad.

King

Sus risas cabalgaban el trueno. Tras las ventanas la noche manteaba la calle que acababa de recibir el licor del cielo. En la otra línea la voz ardorosa se apagaba lentamente y el humo contagiaba las calaveras. La noche anterior algunos incrementaron las apologías y las creaciones de hierro y otra vez hierro. Las escalinatas vieron descender la turmalina negra que en otras letras acompañaban la preparación para la guerra. Un souvenir protegía la entrada al templo que así mismo era el sacrificio. Muere a tiempo es la estación de lo justo, la entrada al kairós donde los cantos se congregan para la maduración. Es madurar en el momento preciso en que se abren las aguas para el ejército que adula el arma contra las armas. Morir a tiempo no es desaparecer pronto para tener un cadáver hermoso. Morir a tiempo es la línea de cruce de las banderas que amarillean en el confín de las geografías y no obstante guardan cercanía, ser de confianza. Mas el grito que detiene, guarda veneno para la fiesta. De allí que queramos ser pueriles y lúdicos. Que hermoseemos las ciudades con nuestra lepra y encontremos en lugar de seguir buscando. Por eso nuestra lengua es una herida en la conciencia de un siglo que ya otros tuvieron la oportunidad de vivir. Aquí vamos como hombres fuertes.

En conspiración con Satán

Intemperante o intempestivo. O los dos. El caso es reunirse con los otros para certificar el sacrificio. Para dar rienda suelta a la oscuridad de la que brotó el mundo. De ahí en adelante, los días crecen en manos de la voz azufrada que pide silencio. Satán es un aliado de dios: si no fuera por el miedo que causa a los rebaños, dios no tendría tanto público. Pero la vida es fin y comienzo, con igual máscara. Sólo que unos vuelven, y otros se dirigen hacia la orgía. Algunos creen que satán entrará a sus almas radiantes de nada, ah, la conquista que todos prefieren cuando existe el temor a dios. Los hombres que fueron ángeles recorren ahora las calles intentando un encuentro que los alivie del peso del desierto. El sol los interroga y los espejea hasta el punto en que ellos salen a la batalla ausentes de sí mismos. Dios les ha quitado la risa, dios ha callado a más de la mitad del planeta, les ha ofendido con la renuncia al juego, ahora los hombres van en caravana hacia su tumba, los demás leen en silencio y aprecian a su poeta.

 

Estos son solo algunos de los crípticos que Victor Raúl Jaramillo publicará en su libro La mancha negra y la furia o La jugada maestra.